El punto de partida fue un molde de espuma de alta densidad cubierto con fibra de vidrio y resina epoxi. La idea era simple: un objeto que un intérprete pudiera llevar puesto durante jornadas largas sin que el peso le pasara factura al final del día. Sobre esa base se aplicaron capas de pintura acrílica, tierras y pigmentos en polvo para simular desgaste real: bordes gastados, marcas de herramientas y zonas donde el metal ficticio parece haber perdido su recubrimiento.
El desafío principal no fue el color, sino cómo se lee bajo luces duras de set. Una pátina demasiado densa se convierte en un manchón oscuro en pantalla y pierde toda la información de textura que se trabajó a mano. Se probaron distintas densidades de barniz mate sobre probetas antes de tocar el casco final, y recién después se selló con una capa protectora que permite limpiar la pieza entre tomas sin borrar el envejecimiento.
Este proyecto es una ficción de Sur Escena Lab. No corresponde a una producción real ni a un encargo de cliente.